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«Era revolucionario un grupo de mujeres cantando, con el deseo de pasarlo bien»

Vivir del teatro y hacerlo con una compañía formada solo por mujeres es subirte al trapecio sin red. Si además eres capaz de reinterpretar las tragedias griegas con toda la carga del humor gaditano y el sabor de sus carnavales, la valentía se convierte en un acto revolucionario, en una declaración de intenciones. Ana López Segovia (48 años) es la persona que idea, escribe y comanda todo lo que ocurre en Las Niñas de Cádiz, protagonistas de la obra El viento es salvaje (premio Max 2020), una mujer capaz de cualquier cosa por hacer teatro, hasta vencer el miedo a conducir y sacarse el carnet para poder salir de gira. Se enganchó a la vida de cómica a los 14 años y con poco más de veinte años fundó la Compañía de Teatro Clásico de Cádiz y una de las primeras chirigotas femeninas. Desde entonces toda su vida la ha dedicado al teatro, ya sea escribiendo, dirigiendo, o actuando. Es tan salvaje como el viento de Cádiz del que habla en su obra. Si tienes ocasión, no dejes de ir a verla. 

 

¿Cómo empiezas en el teatro? 

Empecé con 14 años, me metí en Cádiz en un grupo amateur y me quedé enganchada para los restos. No ha habido un día en que no haya pensado en teatro. 

¿Tienes formación teatral? 

Estudié Hispánicas, pero con 18 años fundé la Compañía de Teatro Clásico de Cádiz y en realidad estudiaba en mis ratos libres, porque todo mi tiempo se lo dedicaba al teatro. A los 24 años me fui a Sevilla con una compañía, giramos por Latinoamérica y a la vuelta me fui a Madrid, convencida de que iba a estar todo el día haciendo castings. Cuando me di cuenta de que no era así, me apunté a un estudio de teatro y aprendí mucho, pero claro yo ya traía el bagaje y la experiencia de haberme subido a un escenario.

El humor es un grado, un síntoma de sabiduría.

El viento es salvaje, de Las Niñas de Cádiz

Fuiste pionera también en el carnaval, fundaste una formación compuesta solo por mujeres. 

No fuimos las primeras, ya había otra formación, lo que pasa es que al final nosotras, la Chirigota de las Niñas, tuvimos más visibilidad, quizá porque salíamos más días, nos emborrachábamos más y se nos veía más. 

De todas formas fue de chicas por casualidad, en la época de la universidad me di cuenta de que el carnaval de la calle tiene un componente teatral muy fuerte, es muy  lúdico y macarra y pensé ¿por qué no sacamos la chirigota nosotros? Pero al final los chicos no se apuntaron y nos quedamos solo las mujeres. 

¿Y cómo las recibió el público? 

Al principio chocaba. Un grupo de mujeres cantando, con la libertad y el deseo de pasarlo bien y disfrutar era revolucionario y reivindicativo. A la gente le llamaba la atención que fuésemos chicas jóvenes monísimas y que dijésemos tantos tacos, pero nos veían cinco minutos, se hartaban de reír y se quedaban. Siempre había alguien que criticaba, que las voces de mujeres no encajan, que no está bien que se emborrachen y digan tantas tonterías, pero se acabó aceptando. Cada vez teníamos más seguidores y en pocos años se llenó la calle de agrupaciones de mujeres

Desde los 14 años no ha habido un día en que no haya pensado en teatro»

Mezclar la tragedia griega con el humor gaditano es también una revolución. ¿Por qué te lanzas a esta mezcla de clásico y carnaval?

Alejandra, mi hermana y también actriz en la compañía estudió humanidades en la universidad y un día me dijo Ana, Aristófanes es el carnaval de Cádiz, tiene el mismo cachondeo, los mismos chistes, la misma forma de hacer crítica y hasta organiza el mismo concurso de teatro. La Grecia clásica se repite en el concurso de agrupaciones de Cádiz. Y decidimos montar Lisístrata, y darle nuestro toque popular, flamenco. Nos gusta decir que el carnaval va con nosotras, lo que nos apasiona es mezclar la llamada alta cultura con la popular. 

Después de muchos años escribiendo, actuando y dirigiendo, en 2020 os dan el premio Max a la obra revelación ¿Qué pasa por tu cabeza cuando lo recibes en plena pandemia?

Fue un regalo de la vida. Después de tantos años dedicándote a esto, haciendo teatro con humor y desde el punto de vista de las mujeres, algo hasta ahora era considerado un producto de segunda clase, de pronto la profesión te valora y te dice que le gusta y que disfrutan con ello. No entiendo la gente que dice que los premios no son importantes, sí lo son, la autoestima se te dispara y te pone en otro sitio. Ha sido un regalo de la vida, nos ha dado una visibilidad tremenda y en plena pandemia, hemos trabajado más que nunca. 

En los últimos tiempos se habla mucho del humor femenino como algo distinto del masculino y que gusta menos. ¿Cómo te lo tomas?

Cuando escribo o hago humor no pienso si soy mujer o no. Lo que ocurre es que nosotras tenemos un filón que no está explotado, porque nunca antes se habían explotado ciertos temas desde el punto de vista de la mujer. Los chistes de la regla los hacían los hombres, hablando siempre sobre el mal humor que se lo pone a la parienta cuando está con la regla. Ahora se hacen desde la perspectiva de la mujer y es algo inédito. No es que el humor sea diferente, es que no se habían hecho nunca desde el punto de vista de la mujer. Y los hombres no tienen idea de lo que es tener la regla. 

Una de las cosas que más admiro es la valentía, cuando veo las cosas que deja de hacer la gente por miedo me da mucha pena»

¿Qué es más difícil, hacer comedia o que te tomen en serio como dramaturga de una compañía femenina?

Que te tomen en serio como dramaturga. Aún se piensa que el teatro por mujeres es un teatro menor. Pero ojo, que a la primera a la que le ha costado convencerse de que un producto hecho por una mujer puede ser igual que el hecho por un hombre ha sido a mí. Yo misma rechazaba ver obras escritas por mujeres, porque desde que tenemos uso de razón nos han educado en que nosotras no debemos brillar. A mi me ha costado 40 años convencerme de que eso no es así. Las de mi generación somos las primeras que tenemos que vencer esa lucha. 

¿Y por qué la comedia? 
Siempre parece que hay que abordar los grandes temas desde el llanto, la seriedad y la tragedia. Por qué no se puede hablar de los grandes temas desde la risa. Vengo de una tierra en la que la forma de enfrentarse a la vida pasa por el humor, el cachondeo es una forma de supervivencia. No hay que tomarse demasiado en serio. El humor es un grado, un síntoma de sabiduría.


¿Hay que ser valiente para vivir del teatro? 

Yo no me he planteado nunca otra cosa , no me quejo, no me ha ido mal, nunca he pensado en dejarlo. Es difícil, pero yo no he perdido las ganas y no me ha ido mal. Para mi es un lujo tan grande dedicarme a lo que me dedico. Y precisamente ahora, donde ya no hay estabilidad en ningún empleo, es el momento de hacer lo que nos gusta, yo animo a la gente joven a que se lancen a probar e intentar cumplir sus sueños. 

Escribes, diriges e interpretas. ¿Qué faceta te gusta más? 

Si me preguntas qué soy, yo digo, que actriz. Actuar es jugar a ser otra y eso me gusta. Pero disfruto mucho creando historias. Lo que menos me gusta es dirigir, pero soy mandona, cuando me dirigen me cuesta ceder el mando. 

¿Qué es lo peor de dedicarte al teatro? 

Cada cosa tiene su cara y su cruz. Cuando estoy fuera echo de menos a mi hijo, mi casa, mi familia. Pero en cuanto subo a la furgoneta, me lo paso muy bien. Hay momentos duros, cuando te levantas de la siesta en un hotel cutre hace frío y tienes que irte a escenario y piensas qué hago yo aquí. Pero el público te da tanto las gracias por haberlos hecho pasar un buen rato, que compensa.

Ana, Alejandra, Teresa y Rocío recogen el premio Max por la obra El viento es salvaje.

¿Cómo ves el futuro de la compañía? 
Estamos en un momento muy bonito de mucho cariño y tenemos una relación intensa y hemos construido una red muy bonita las cuatro. Rocío y Alejandra son mis hermanas y Teresa siempre dice que es la amiga, ja, ja, Que dure lo que tenga que durar, pero ojalá sepamos hacer durar esta amistad y este amor. 

¿Te consideras una mujer valiente?

Yo sí, absolutamente. Tengo un espíritu indómito porque tengo un montón de miedos, pero soy contrafóbica, donde siento miedo, ahí meto la cabeza. Hay algo salvaje dentro de mi que no puedo controlar. Una de las cosas que más admiro es la valentía, cuando veo las cosas que deja de hacer la gente por miedo me da mucha pena. 

Retratos ©Javier Nadal. Resto cedidas por Ana Segovia y redes sociales.

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