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Artistas / Comunicadoras

Suenan nuevos acordes en clave de igualdad

El rock es emoción en las letras de las canciones y en las voces que corean los estribillos.

Es cuerpos en acción, cuerpos sudorosos en el escenario, apretones entre el público. Es una invitación al hedonismo, el desmadre, el sexo, el exceso. Hasta hace bien poco, no nos dimos cuenta de que las primeras filas para disfrutar de todas estas esencias estaban reservadas para la misma gente: los hombres.

Al corear el lema “sexo, drogas y rock’n’roll” sonaban básicamente voces masculinas. Hombres eran los héroes de la guitarra y los cantantes melenudos, pero también los que organizaban los conciertos, grababan los discos o firmaban los contratos. Las chicas eran importantes, claro: pero en papeles secundarios, como fans, como grupies, como voces aterciopeladas que cantaban a la seducción.

Es cierto que las mujeres se han esforzado por hacerse un hueco en esta hermandad. Es cierto que ya no es posible contar la historia de la música popular sin mencionar a Janis Joplin, Nina Simone, Aretha Franklin, las Bikini Kill o Rosalía. Pero no fue hasta la explosión del #metoo, que destapó los abusos en la industria del cine, cuando los hombres nos sentimos obligados a mirarnos a los ojos unos a otros y preguntarnos cómo una música que nació del empoderamiento de una minoría (los afroamericanos que habían inventado antes el blues) se había convertido en un entorno que negaba el espacio para que la mitad de la población expresase su talento y sus inquietudes.

 

                                                                                                                                                                                        Rozalén                                                                                                                                                                                      

 

La necesidad de cambiar las dinámicas de la industria es un mantra en los eventos corporativos

 

Soplan nuevos tiempos en el mundo de la música. No hay evento en el que no haya una mención a la igualdad de género, porque las mujeres ya no esperan más y porque muchos hombres han despertado. Las chicas ya no se contentan con que se les haga un hueco en los escenarios o en las mesas redondas: reivindican su lugar, exigen cambios en las reglas de juego. En la última edición del DCODE Lab, una serie de mesas redondas vinculado al festival DCODE que se celebra cada año en la Universidad Complutense de Madrid, una mesa redonda sobre hibridación y colaboración de artistas se centró en el papel central de las mujeres en estos nuevos tiempos. El rock vuelve a tener discurso y mordiente: si en tiempos peleó por los derechos de los negros y la visibilidad de los jóvenes, ahora se oyen en todos los rincones voces que reclaman igualdad y se presentan en todos los escenarios iniciativas para caminar hacia ella. Como Titanas, el proyecto liderado por Sandra Delaporte. A lo largo del año han ido colaborando con diferentes mujeres de la escena nacional para dar voz a las perspectivas femeninas y escenificar esa sororidad de la que se habla cada vez más. Artistas como Amaral, Rozalén o Zahara colaboran en el proyecto.

                                                                                                                                                                                     Zahara  


Si Rozalén ha sido la voz de la esperanza y la vindicación, Zahara se ha convertido en la artista de referencia para entender desde la música lo duro que es ser mujer en un mundo de hombres. El camino reivindicativo que arrancó de la mano de su colaboración con Martí Perarnau en Hoy la bestia cena en casa ha explotado en Merichane, donde denuncia explícitamente los abusos que recibió.

En las colaboraciones entre músicos de distinto sexo, el algoritmo asume que el artista de referencia es el hombre y basa las recomendaciones en su perfil“.

 

La necesidad de cambiar las dinámicas de la industria es un mantra en los eventos corporativos. El PrimaveraPro, uno de los principales eventos de la industria de la música, se centró en buena medida en las cuestiones de género en esta edición de 2021. Empieza a ser común una mirada analítica que va más allá de pensar quién está en el escenario y sobre qué canta. Empieza a pensarse que es necesario que los equipos de montaje, los técnicos, los productores o los gestores también sean entornos con presencia femenina. También la tecnología digital, que mueva ahora la música, requiere de una mirada de género: el 93% de los programadores son hombres, y ya sabemos que todo algoritmo incorpora los sesgos de sus creadores. Por ejemplo, los modelos de gestión de recomendaciones tienden a perpetuar el rol secundario de las artistas femeninas: ellas son, con más frecuencia, las invitadas en una canción. El algoritmo asume que el artista de referencia es el hombre, y a la hora de hacer recomendaciones es el perfil de este el que usa en busca de temas similares. La invitada es invisibilizada. Como si su aportación no tuviese valía. Conquistar el mundo musical va a requerir conquistar también el dominio tecnológico.

Todas estas iniciativas, junto con los esfuerzos de las asociaciones de mujeres en la música, están intentando darle una vuelta al mundo musical para hacerlo más igualitario y justo. Para que, de aquí a unos años, una niña tenga en su cabeza un buen repertorio de canciones que puedan expresar sus experiencias y sentimientos. Para que tenga modelos sobre el escenario, tocando el bajo o la batería, o tras el cristal del estudio de grabación mezclando el próximo disco de éxito. Para que, si inicia su carrera musical, se cruce por los pasillos de su compañía con otras mujeres y que, cuando llegue el momento de firmar el contrato, no haya solo hombres detrás de las mesas de dirección. Para que esa chica, cuando vaya a un concierto, tenga la tranquilidad de que puede desmadrarse del mismo modo que sus amigos sin miedo a que le pase algo. Para que, cuando vuelva a casa canturreando “it’s only rock’n’roll, but I like it” tenga motivos para sentirse parte de una historia llena de emociones, sudores y hedonismo, pero también de lucha por la igualdad de todos bajo los mismos acordes.

Héctor Fouce. Fotos: © Redes sociales

https://www.youtube.com/channel/UCtXuLi6tQ4y50QxD3x19riQ

 

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