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Mujeres de mar; el futuro de los océanos

El Mar. La mar. Los poetas y las gentes de la costa siempre nombran el océano en femenino.

Son muchas las culturas que hablan de él como si fuese una mujer, un vientre capaz de generar vida. Pero ya sea a través de leyendas históricas o de relatos cotidianos, toda la literatura marina sitúa a las mujeres siempre a la sombra, cuando no ocultas. El mar siempre se ha presentado como un escenario exclusivo de los hombres, tradicionalmente se consideraba que la presencia femenina en un barco atraía a la mala suerte, por lo que su historia siempre ha estado protagonizada por ellos. Pero no son pocas las mujeres que a lo largo de la historia han logrado grandes gestas en el mar. Y sobre todo, son muchas las mujeres que desde tierra han hecho posible las proezas de los hombres, pero nunca se han llevado el más mínimo reconocimiento. No venimos hoy, Día Mundial de los Océanos, a hablar de heroínas del pasado (ya sabéis que somos más de centrarnos en el presente), sino de mujeres que están conquistando espacios nuevos en el mundo del mar.

“Cada vez que me sumerjo en el mar, es como volver a casa”.

Silvya Earle, Dama de los Océanos.

Es inevitable empezar citando a Sylvia Earle, conocida como la Dama de los Océanos. A sus 85 años, esta bióloga marina que ha pasado casi la mitad de su existencia bajo el agua, sigue buceando. “Cada vez que me sumerjo en el mar, es como volver a casa”, comenta. Y sobre todo, sigue dando la batalla por mejorar la salud de los océanos. Su vida ha estado dedicada por completo a su estudio y cuidado y no son pocas las barreras que ha roto a lo largo de su dilatada carrera profesional; fue la primera científica jefa de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. La revista Time la eligió como Héroe del planeta en 1998 y en 2018 recibió el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Fue de las primeras científicas e investigadoras de National Geographic, con quien ha producido numerosos documentales, y en la actualidad vive volcada en su fundación Mission Blue con el objetivo de lograr una red marina global de aguas protegidas. “Sin agua, no hay vida. Sin el azul del mar, no hay verde”.

También en la misión de la preservación de los oceános se encuentra la bióloga y fotógrafa mexicana Cristina Mittermeier, quien comanda desde hace años el más que activo equipo de SeaLegacy, una organización fundada con algunos de los más prestigiosos fotógrafos submarinos, como Brian Skerry, David Doubilet o Paul Nicklen. Cristina es una gran fotógrafa y una gran comunicadora que domina la técnica del storytelling como nadie. Es una experta en pesca artesanal y en la relación del ser humano con el mar. Cuando sus tres hijos eran pequeños, se los llevaba a las expediciones. “A veces eran una gran ayuda, es más fácil aproximarte a desconocidos cuando vas con niños”, cuenta. En 2018 fue elegida Aventurera del Año por National Geographic, revista con la que ha participado en numerosas expediciones. En la actualidad vive volcada en lograr una mayor protección de los mares y en la defensa de las pequeñas comunidades pesqueras. “Al océano le debemos la mitad de las respiraciones que tomamos”, comenta.

“Si pudiéramos construir una economía que usara las cosas en lugar de agotarlas, podríamos construir un futuro”.

Ellen Macarthur, exploradora y navegante.

Ellen MacArthur es, junto con Sylvia Earle, la mujer más influyente en la defensa del mar. Apasionada por el océano y la navegación desde bien pequeña, en 2005 batió el récord mundial de navegación en solitario al dar la vuelta al mundo en 71 días y 14 horas, un día y ocho horas menos que el récord anterior. Cuando se retiró en 2010 creó la Fundación Ellen MacArthur con el objetivo de acelerar la transición a la economía circular. Suyo es el estudio que alerta de que en 2050 el peso del plástico depositado en los océanos será mayor que el de los peces. “Si pudiéramos construir una economía que usara las cosas en lugar de agotarlas, podríamos construir un futuro”.

Por ese futuro se empeña Mandy Barker, en denunciar el problema de la basura en los océanos. Y lo hace a través de la belleza. Esa es la especialidad de la fotógrafa ambiental más demandada del momento (y no es una exageración, solo en 2021 tiene 16 exposiciones por todo el planeta). Barker lleva años obsesionada con los residuos plásticos en el mar. Y para incitar a la reflexión, realiza impresionantes composiciones fotográficas con basuras encontradas en la playas, primero las de la costa de Inglaterra en la que habita y luego de todas partes del mundo. Entre sus piezas más llamativas están las realizadas con juguetes de plástico y Penalty, la serie que hizo con los balones encontrados en playas enviados por gentes de los cincos continentes. “El objetivo de mi trabajo es involucrar y estimular una respuesta emocional del espectador al combinar una contradicción entre la atracción estética inicial junto con el mensaje posterior de conciencia”. Barker ha publicado su trabajo en las mejores revistas del mundo y ha sido galardonada con algunos de los premios de fotografía más prestigiosos del momento.     

En nuestro país

En España no son pocas las mujeres que están haciendo historia en el mar, ya sea por estar rompiendo moldes en profesiones hasta ahora exclusivamente masculinas, ya sea por su empeño en defender los océanos.

Cristina Fernández. Farera jubilada. Fue pionera en un mundo hasta entonces masculino. Llegó a esto por amor, se casó con el hijo del farero y al final decidió hacer las oposiciones a farera en 1972, una promoción de la que solo salieron dos mujeres. Su padre le echó en cara no solo que trabajase, sino que hiciese un trabajo de hombres. Cristina pasó 44 años de su vida en el Faro de Cabo Vilán en la Costa da Morte y allí crió a sus tres hijos. A lo largo de su vida ha pasado por momentos difíciles frente al mar, como la ola de 28 metros de altura una noche de Reyes y el desastre petrolero del Prestige. Ya jubilada de una profesión que se extingue por la mecanización de las torres de vigilancia, Cristina es memoria viva del mar gallego y una gran defensora de los faros. “En el faro estás rodeada de peces, pero sobre todo, del museo más grande del mundo”.

También en la misión de salvar vidas en el mar, aunque esta vez a los mandos de un helicóptero en vez de un faro, se encuentra Nuria Bravo, a quien entrevistamos en Indómitas hace unos meses. Fue la primera mujer piloto de helicópteros del ejército español y es la primera mujer que pilota un helicóptero de Salvamento Marítimo. Desde la base de Gijón, Nuria ha vivido decenas de rescates de marineros a la deriva en el Cantábrico. Madre de cuatro hijos, eligió este destino porque le era más fácil compatibilizarlo con su vida familiar.

Las percebeiras de Corme. Que los mejores percebes vengan de Galicia (dense una vuelta por el mercado en navidad y comparen tamaños y precios) tiene una explicación. Estos moluscos se crían mejor en zonas rocosas y aguas muy bravas y la Costa da Morte va sobrada de ambas. Aunque la mayoría de las mariscadoras que faenan en las playas son mujeres, el percebe sigue siendo una labor dominada por los hombres. Es un trabajo duro que implica descolgarse por acantilados rocosos—algunos descienden con arnés— y, sobre todo, una pugna diaria contra el azote del mar. Son frecuentes las ocasiones en los que una ola arranca de las rocas al pescador y acaban en accidentes mortales. Carmen, Elisa, Rosi y Pilar , todas ellas trabajan envueltas en un neopreno y botas, a pesar de lo cual todas acaban padeciendo artrosis, continuas infecciones de orina y otitis. No pueden usar tapones para los oídos porque han de estar siempre pendientes de la próxima ola, no vaya a ser que esa sea la que les lleve mar adentro. Aún así, todas aman esta profesión, que pueden compaginar con el cuidado de hijos y padres. “Estamos rodeadas de naturaleza, no tenemos jefes y mandamos nosotras. Si quieres ir, vas y si no, no”, comentaban en una entrevista reciente de La Voz de Galicia.

Además de la parte comercial, el trabajo de percebeira tiene un componente medioambiental importante para asegurar la repoblación de la especie: solo pueden extraer cinco kilos al día. Es por eso que ellas mismas son las más activas en la lucha contra los pescadores furtivos.

Ana Payo Payo. Oceanógrafa, juglar y aventurera. Así se define en su perfil de twitter. «¿Cómo es posible que siendo de Zamora sea oceanógrafa?”. Es lo primero que cuestiona Ana Payo en sus monólogos científicos. Y es que además de investigadora y activista ambiental, es una cómica impresionante. Experta en el estudio de las aves marinas y el impacto de la contaminación sobre sus poblaciones, su investigación ha ayudado a desarrollar estrategias de gestión para la conservación de especies amenazadas bajo las nuevas políticas ambientales europeas. Su carrera le ha llevado a vivir en más de veinte países, en la actualidad se encuentra en Escocia. En 2018 fue elegida para participar en la expedición a la Antártida del Programa Homeward Bound, una iniciativa, avalada por Sylvia Earle y Jane Goodall entre otras, que promueve la formación de liderazgo femenino en el ámbito de la ciencia climática. “La figura de la mujer científica está olvidada. Si le dices a un niño que dibuje a alguien que haga ciencia, siempre hacen un hombre con barba y gafas”, comenta Payo.

Pues saquemos del anonimato a todas estas mujeres, porque sin duda, el cuidado y el futuro de nuestro planeta, está en sus manos.

Imágenes: © Foto de las percebeiras, de Ana García para La Voz de Galicia; foto de Silvye Earle, de Mission Blue; foto de Cristina Mittermeier, de Paul Nicklen; foto de Ellen Macarthur, de la Macarthur Foundation; fotos de Mandy Barker; foto de Cristina Fernández; y foto de redes sociales de Ana Payo Payo.

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