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Indómitas / Pioneras

Misión: salvar vidas en el Cantábrico

Nuria Bravo. Comandante de helicóptero de Salvamento Marítimo

Menos de 15 minutos. Eso es lo que tarda Nuria Bravo en despegar con su helicóptero y el equipo de rescate después de recibir una llamada de socorro en su base de Gijón. Curiosamente, eligió este trabajo con salvamento marítimo para llevar una vida más tranquila (sin duda el concepto de tranquilidad es algo relativo, totalmente diferente para cada persona) cuando se convirtió en madre.

“La elección de este tipo de trabajos es vocacional, creo que siempre algo te llama dentro y yo quería ser piloto desde pequeña”, cuenta.

nuria bravo

Fue la primera mujer piloto de helicóptero del Ejército del Aire. Y durante varios años trabajó en seguridad de la Casa Real y Presidencia del Gobierno realizando traslados, pero cuando tuvo hijos –es madre de cuatro- empezaron a pesarle mucho los viajes  y decidió cambiar:  “Abandoné la carrera militar, pero continúo haciendo lo que más me gusta: ¡volar!”.

La elección de este tipo de trabajos es vocacional, creo que siempre algo te llama dentro y yo quería ser piloto desde pequeña”, cuenta.

Desde su base en Gijón, es la comandante del helicóptero que opera la empresa Babcock, contratada por Salvamento Marítimo, para las labores de rescate en el Cantábrico: “Realizamos sobre todo evacuaciones de marineros y gente que se cae en los acantilados cuando hay temporal. Llaman la atención las imprudencias que se cometen, no se tiene respeto al mar, hay mucho inconsciente. En cada temporal que se produce en el Cantábrico alguien cae desde un acantilado arrastrado por una ola», lamenta. «Asumo que es un trabajo de alto riesgo, y aún más cuando abordamos misiones nocturnas. Resulta muy complicado rescatar a alguien en la oscuridad, con olas de ocho metros y vientos de 100 kilómetros por hora. En el Cantábrico la meteorología nos juega malas pasadas. Pero incluso con esas condiciones, en 11 años que llevo en esta unidad jamás hemos dejado de acudir a una misión. Moralmente es muy duro abandonar a alguien y negarle asistencia».

En los 13 años que lleva haciendo este trabajo ha realizado incontables salidas, pero no lleva la cuenta de las misiones ni de las personas a las que ella y su equipo (copiloto y dos rescatadores) han salvado la vida.

¿Cuál ha sido el rescate más difícil?

Todas las misiones en el Cantábrico, cuando se hunde un barco o un velero, son situaciones muy complicadas para nosotros. Pero como soy madre, las misiones más duras son siempre aquellas en las que están niños implicados, como la de un niño que se ahogó en Gijón. Fue unas Navidades cuando se hundió la embarcación de recreo en la que iba. Estuvimos buscándolo varios días, con los padres esperando en la costa… Fue una situación muy dramática.

¿Y la misión más satisfactoria?

Cualquiera en la que volvamos con la persona rescatada. Cuando conseguimos rescatar a todas las víctimas a tiempo nos sentimos muy satisfechos, porque sabemos que somos los únicos que podemos ayudarles.

¿Ser mujer ha sido un obstáculo?

Sí, sobre todo al principio porque no estaba tan normalizada la presencia femenina en ciertos ambientes, pero lo que no sospechaba es que iba a ser tan difícil y tan mantenido en el tiempo. La principal dificultad ha sido lograr que mis compañeros confíen en mí. Muchos de ellos ponen su vida en mis manos y tengo que convencerles de que puedo hacer el mismo trabajo que un hombre. Desde luego, ser mujer ha sido un lastre, pero si volviera a nacer repetiría como mujer, con una mochila grande también se anda.

¿Qué les dirías a las jóvenes que están decidiendo ahora su vocación o empezando su trayectoria profesional?

Que no se pongan límites, que la sociedad y la biología ya nos ponen muchos… Que elijan lo que ellas realmente quieren ser, y que luchen por ello sin desanimarse. Hay mucho que pelear, claro, no es un camino de rosas, pero con paciencia, estudiando, sabiendo un poco cómo hacerlo, lo consiguen seguro.

¿Te sientes indómita?

A cada momento. No me pudieron controlar mis padres ni me pudo controlar mi marido, pero bueno, es parte de mi esencia, no voy a cambiar a estas alturas de mi vida.

Y su mayor satisfacción es el orgullo de sus hijos por la profesión de su madre. “Cuando ven pasar el helicóptero, ellos dicen “ahí va mi mamá” y sus amigos muchas veces no les creen”. Por el momento ninguno de los cuatro quiere ser piloto. “Por ahora”, dice Nuria. “Todavía tengo tiempo para convencerlos”.

Nuria Bravo, la primera mujer piloto del Ejército del Aire.

Fotografías y video: ©Hakawatifilm

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