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“Lo importante es que la discapacidad no sea noticia, sino costumbre en los medios de comunicación”

Sara Andrés, atleta paralímpica

A sus 35 años ha vivido tanto que cuesta imaginar que pueda mantener la alegría y el buen espíritu. Hace diez años perdió las dos piernas en un accidente de coche. Comenzó a hacer deporte en cuanto tuvo prótesis y la fuerza suficiente como para levantarse de la silla de ruedas. Y contra todo pronóstico y todos los “no vas a poder” logró sus primeras medallas. Pero un cáncer de tiroides primero, y de piel después, le pusieron algunos obstáculos a sus méritos olímpicos. Combate los golpes con mucho humor, negro, y no se corta en gastar bromas sobre sus piernas. Fue olímpica en Brasil y ganó el bronce en 200 y 400 en el Mundial de Londres de 2017. Hoy está a punto de viajar a Tokio con el sueño de traerse un oro.

A punto de marchar a tus segundos juegos olímpicos, ¿cómo lo estás viviendo?

Tengo muchas ganas y mucha ilusión, pero según se acerca el día me invaden los nervios porque hemos trabajado tanto estos cinco años, que da mucho miedo. Quiero hacerlo bien, por mí y por todos los demás. La verdad es que participar en los Juegos ya es un premio, pero claro, la autoexigencia te pide una medalla.

¿Y tienes buenas expectativas?

En los 100 metros lisos me veo con muchas fuerzas y quiero conseguir la medalla de oro, no me bajo de ahí. Es bueno soñar a lo grande. En salto de longitud lo tengo un pelín más complicado, es una disciplina muy técnica, en la que he empezado más tarde y mis adversarios tienen muy buena marca. Pero puede ocurrir que ese día yo lo haga muy bien y ellos no tanto, nunca sabes.

Al principio todo el mundo me decía que ir a los Juegos Paralímpicos era una ilusión, que no iba a ser posible. Y ahora es mi vida».

¿Soñabas de pequeña con ser deportista olímpica?

No, ni de broma. Yo de pequeña hacía atletismo y relevos y me emocionaba mucho en las olimpiadas escolares, pero era consciente de que ser deportista de élite suponía mucho esfuerzo y pensaba que no era para mí. Pero tras el accidente, al poco de empezar a andar, comencé a correr también y enseguida pensé que podría participar en unos Juegos Paralímpicos. Al principio todo el mundo me decía que eso era una ilusión, que no iba a ser posible. Y ahora es mi vida.

Con 25 años pierdes las piernas en un accidente de coche. Años después sufres cáncer de tiroides. Y luego cáncer de piel. De todas estas experiencias has salido más fuerte. ¿De dónde sacas la energía para volver a levantarte?

Uf, menos mal que no todo me ha ocurrido a la vez. Los golpes los vas superando. Lo más duro fue perder los pies, pero aprendí mucho a aceptar la vida, a dejarme llevar, a adaptarme a las situaciones, y conseguí tener una mentalidad y unos recursos psicológicos que me han ayudado en los otros momentos. Si no, no habría estado preparada para todo lo malo que me ha pasado después. Así que puedo decir que todo ello lo he superado gracias al accidente.

Darte cuenta de que nadie te puede sacar del hoyo oscuro, que solo tú puedes hacerlo, te empodera muchísimo».

¿Qué es lo que más te ayudó a tirar para adelante?

Principalmente los psicólogos. Y luego mi familia y los amigos. Lo importante es darte cuenta de que nadie te puede sacar del hoyo oscuro, que eres tú quien tiene que hacerlo. Y eso te empodera muchísimo. El no depender de los demás te da una fuerza brutal. El hecho de saber que en ti están las soluciones a todos los problemas, te da mucha paz y fuerza.

Sigues teniendo apoyo psicológico

Ahora solo tengo apoyo psicológico deportivo, estamos en la recta final y necesito claves para mantenerme motivada y aguantar. En cuanto al otro apoyo psicológico, si alguna vez lo necesito, volveré a ello. Hay que perderle el miedo, tenemos que asimilar que igual que vas al médico cuando te duele la tripa, tienes que ir al psicólogo cuando estás mal. Es algo natural y obvio.

Alguna vez has dicho “no soy más afortunada o menos por no tener pies”. ¿No tienes momentos de debilidad en los que dices, “pues vaya asco de vida me ha tocado”?

Al principio sí, pero hace ya diez años que estoy amputada y hace mucho que no me dan esos bajones.

El humor negro me gusta mucho, me ha hecho más fácil la vida, cuando uno se ríe de sí mismo rebaja las preocupaciones».

También hablas mucho de lo importante que es para ti el sentido del humor. Incluso te permites hacer bromas con tu discapacidad. ¿Es algo que venía de serie o lo has desarrollado después del accidente?

Yo era positiva y alegre, pero después del accidente, se disparó. El humor negro me gusta mucho, me ha hecho más fácil la vida, cuando uno se ríe de sí mismo rebaja el tono, rebaja las preocupaciones y ves realmente lo que te importa y no los adornos que hay con ese problema.

Cada día que tengo que ponerme las prótesis es una celebración, porque me recuerda que la vida me ha dado una segunda oportunidad».

Has contado alguna vez que el accidente te dio la posibilidad de celebrar pequeños grandes logros, como lograr levantarte de la silla de ruedas. ¿Sigues celebrando esos triunfos?

Ya no tanto. Es verdad que el ser humano somos autómatas, me da mucha rabia, intento provocar y volver a esos pensamientos de celebrar las pequeñas cosas, pero vamos a piñón fijo. Después del accidente todo lo veía como algo nuevo, era excitante, algo bonito, me daba felicidad, para celebrar… Pero llega un momento en que olvidas la esencia, me tengo que esforzar. Hay que prestar atención a los detalles, todo lo que vivimos es extraordinario, solo depende de cómo te lo tomes tú. Cada día que tengo que ponerme las prótesis es una celebración, porque me recuerda que la vida me ha dado una segunda oportunidad.

Los medios de comunicación muestran cada vez más a gente con discapacidad. Acaba de salir en la portada de Time una atleta paralímpica y médica gallega, Susana Rodríguez. ¿Crees que estamos avanzando hacia un mundo en el que prestemos más atención y haya más oportunidades para todos?

Ha habido un cambio, hay más atención a las personas con discapacidad en los medios de comunicación, en el trabajo… pero también creo que es una moda que ahora mismo interesa explotar. Yo no la desprecio para nada y quiero sacarle partido a ello. Hay que subirse al carro, pero las modas pasan y hay que intentar que no sea una moda, sino que se naturalice y se haga rutinario. Lo importante es que no sea noticia que yo salgo en el telediario, sino que sea costumbre, y que se nos dé el mismo foco que a los que no las tienen. Que sea algo natural, y que no aparezca como algo innovador.

Tú puedes dedicarte a esto porque tienes un patrocinador. ¿Falta apoyo por parte del estado?

Hace dos años dejé mi trabajo como profesora de primaria para dedicarme al deporte profesionalmente gracias al apoyo de Cantabria Labs y Heliocare. No he logrado beca olímpica porque las pruebas en las que yo compito no entraban en las olimpiadas. Pero si ahora gano una medalla tendré ayuda del Comité Olímpico Español. La buena noticia es que acaban de anunciar que el Consejo Superior de Deportes destinará dinero también a las becas de los deportistas paralímpicos, que hasta ahora se cubrían solo con patrocinios privados. Ahí había una discriminación que se ha corregido, es una buena noticia.

¿Cómo es tu día a día?

Entreno seis días a la semana, dos veces al día, tres horas por la mañana y hora y media por la tarde. Por la mañana en la pista, gimnasio o foso de atletismo. Y por las tardes tengo en casa un gimnasio y hago sustento para el cuerpo, abdominales, yoga… Hay días que estás más floja y entrenas menos.

¿Y tu vida social?

Desde el COVID tengo muy poca vida social, ja, ja, como todo el mundo. Pero ahora no tengo mucha, la gente hace planes los viernes y no puedo salir porque entreno los sábados. Me gusta mucho el teatro y estoy en una compañía, pero lo he dejado porque no podía ensayar. Me gusta pintar, leer, estoy aprendiendo a tocar la guitarra. Y ahora en verano, piscineo…

¿Y es fácil encontrar pareja?

Cuando tuve el accidente, pensé que me iba a costar mucho ligar, que los chicos no se me iban a acercar. Y los hay que tienen prejuicios, pero eso es fabuloso porque ya ni se te acercan, es como un filtro de Instagram. Ahora tengo pareja, no vivimos juntos, porque vive en otra comunidad. Y sí, a veces es un poco más complicado tener pareja cuando eres deportista, porque tiene que comprender muy bien lo que haces, es difícil que entienda que tu cuerpo es un templo, que no puedes apuntarte a todos los planes que tienes que cuidar lo que comes, lo que bebes, que tienes que descansar bien…

¿Te planteas la maternidad?

Quiero ser mamá, no sé cuando, con el deporte es complicado. Si ya es difícil compaginar un trabajo que no sea físico este más, porque hay mucho cansancio muscular y mental. Así que lo he pospuesto para cuando deje el deporte.

¿Volverás a las aulas cuando te retires del deporte?

No sé si volveré a la enseñanza, tengo muchas puertas abiertas. Me encanta la docencia, pero me gusta mucho el deporte y cuando me retire podría trabajar en este entorno, ayudando a personas amputadas a entrenar, por ejemplo.

¿Hasta cuándo te ves en el deporte?

Creo que mis últimos juegos serán los de 2024. La clave es que tengas la voluntad. En el atletismo cuanto más tarde empiezas, más larga es tu vida profesional, porque has tenido menos lesiones y menos problemas. Pero quién sabe, lo mismo llega una generación nueva, comienzan a ganarte y sientes que ya no es tu lugar.

¿Qué te ha dado el deporte?

Ahora mismo todo, es mi vida. Me aporta diversión, alegría, ganas de superarme. Al principio cuesta mucho hacerlo, pero cuando lo haces te engancha y se vuelve una necesidad, algo positivo.

¿Recuerdas cómo era tu vida antes del accidente. ¿Vuelves mucho a tus días con piernas?

No, no suelo vivir en el pasado. Recuerdo anécdotas y momentos, pero nada más.

¿Te consideras indómita?

Un poquito sí. Los indómitos son gente que no se rinde y que lucha por superarse, y sí, lo soy.

Fotos: ©Cantabrialabs/Heliocare.

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