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Emprendedoras / Entrevistas / Indómitas

“Liderar con el ejemplo no es la mejor manera, es la única”

Carlota Pi, cofundadora y presidenta ejecutiva de Holaluz

Pura energía y vitalidad -en su vocabulario se repiten a menudo palabras como salvaje y brutal-, atiende nuestra entrevista desde el coche, donde trabaja mientras espera a que sus hijas salgan de sus clases extraescolares. Es una absoluta convencida de que una combinación de cuotas y meritocracia es la única fórmula para otorgar a las mujeres el papel que les corresponde en el mercado laboral.

Cofundó Holaluz en 2010 junto a Oriol Vila y Ferrán Nogué, ambos compañeros del máster de IESE. Actualmente es una empresa comercializadora de electricidad que está revolucionando el sistema energético en España con la implantación masiva de placas solares en los tejados domésticos. Opera en todo el territorio español con más de 200.000 clientes y 214 empleados. En 2019 salió a bolsa y es ya la número uno del mundo en el ámbito de las compañías de Inversión Socialmente Responsable. Ellos lo llaman la “revolución de los tejados”.

¿Cómo surgió esta revolución?

En España hay 10 millones de tejados técnicamente viables para ser transformados en electricidad verde. Y con 1.700 horas de sol al año, somos uno de los países más soleados de la Unión Europea. Sin embargo, tenemos menos instalaciones solares fotovoltaicas para uso doméstico que en Bruselas. Ante este mercado potencial, decidimos desarrollar una tecnología que nos permitiese transformar esos metros cuadrados de tejado en electricidad cien por cien verde.

Gracias a este uso intensivo de la tecnología y los datos, y siempre poniendo a los clientes en el centro, generamos ahorros en la factura de la luz y contribuimos a cambiar la manera en que se produce energía en el país del sol. Según datos de 2019, con este cambio de paradigma, podríamos ir del 39 % de la demanda total interna española de energías renovables a un 81 %. 

¿Soñabas de pequeña con ser empresaria?

¡Yo quería ser bailarina! Bromas aparte, mis padres eran empresarios y recuerdo una conversación con mi madre, cuando tenía 6 o 7 años, en la que le pregunté “mamá, ¿yo que voy a ser cuando sea mayor?”, esperando una respuesta fácil como “puedes ser arquitecta, o médico o enfermera”. Y me contestó, sin ninguna sombra de duda, “hija, tú vas a ser lo que tú quieras”. A mis hermanos y a mí nos han educado en la idea de que no hay límites, que cualquier cosa es posible y que tenemos las capacidades necesarias para llegar donde queramos.

Carlota Pi practicando yoga en una playa de Barcelona.

“De lo que más me preocupo como madre es de generar autoestima en mis hijas”.

Y tú, que tienes tres hijas, ¿qué les contestarías si te hacen esa pregunta?

Sin duda, lo mismo. Les he contestado ya esto muchas veces. De lo que más me preocupo como madre es de generar autoestima en mis hijas, que tengan claramente la convicción de que en esta vida pueden hacer lo que ellas quieran.

Hiciste ingeniería industrial, ¿cómo recuerdas esos años?

Cuando llegué a la facultad con 18 años, solo había cuartos de baños para chicas en las plantas pares. Además, se llamaba Escuela de Ingenieros Industriales. En tercero, conseguimos que cambiaran el nombre a Ingeniería Industrial. Ya me explicarás lo que costaba esto.

Personalmente, en la carrera, me lo pasé ”bombísima”, porque me lo paso bomba en casi cualquier sitio, pero es verdad que era un entorno hostil. Yo tenía muy claro que quería estudiar ingeniería industrial. No es verdad que a las chicas no nos gusta la tecnología, nos interesa en la misma proporción. Pero tú pones un pie en la Escuela de Ingeniería Industrial con 18 años y te encuentras a 600 chicos y 50 chicas y al día siguiente te vas a ver la Facultad de Química o a ESADE donde hay un 50-50 y piensas “pues aquí también me va a ir bien la vida”.

Entonces, ¿qué hace falta de manera imperiosa en las escuelas técnicas?

Lo mismo que se ha hecho en las escuelas de negocio de las mejores universidades del mundo, en Harvard, en MIT, en Stanford, en Columbia. Todas han introducido cuotas y becas para mujeres. Hace 20 años no había ni una sola graduada en Harvard. Ahora se gradúan entre el 30 y 50 por ciento de mujeres en su MBA. ¿Por qué? Porque han estado 10 años aplicando cuotas y dando becas. A mí el IESE me becó un 30 % de mi matrícula por el hecho de ser mujer.

“El mundo está pensado desde, para y por los hombres blancos heterosexuales del primer mundo”.

Entonces, ¿crees que ser mujer en el ámbito que te has movido te ha supuesto alguna dificultad en el camino?

Sin ninguna duda, sí. El mundo está pensado desde, para y por los hombres blancos heterosexuales del primer mundo. La realidad es que hay un sesgo en el sistema. Y, si tú tienes un sesgo diferente, es más difícil encajar en él. Por eso soy tan fan de la aplicación salvaje de cuotas, porque necesitamos acelerar el cambio del sesgo en este sistema y esto no pasa solo.

Para mí, cuotas y meritocracia no es un debate. Hay muchísimas mujeres en tecnología, en ciencia, en marketing, en finanzas, en comunicación, en ventas. Hay mujeres buenísimas en absolutamente todos los sectores. Pero claro, hay que buscar más. Pues no pasa nada, se busca y ya está.

Comentábamos al principio que algunas tardes a la semana, tu coche se convierte en oficina mientras esperas a tus hijas a la salida de sus extraescolares, ¿cómo compatibilizas tu vida personal con dirigir Holaluz?

La flexibilidad es la herramienta número uno para el desarrollo de las personas, y esto obviamente afecta muy positivamente a las mujeres, y especialmente a las madres. Gracias al covid se ha acelerado una realidad que nosotros implementábamos desde el año 2011. La gente nos decía, “¿cómo puede ser?”. Nosotros no contamos días de vacaciones, ni a qué hora llega la gente, ni a qué hora se va. Las personas sabemos cuáles son nuestros objetivos y qué es lo que tenemos que hacer, en un ejercicio adulto y responsable de la libertad. Los martes y miércoles yo recojo a mis hijas en el cole, las dejo en sus extraescolares y mientras tanto, trabajo en el coche.

¿Y crees que el hecho de que tú lo hagas también sirve de ejemplo a todas las trabajadoras que están a tu alrededor?

Claro que sí. Como decía Einstein, el ejemplo no es que sea la mejor manera, sino que es la única. También dan ejemplo Oriol y Ferrán, -los dos cofundadores de la compañía- y todo el Top Management.

«Soy fan de la aplicación salvaje de cuotas, porque necesitamos acelerar el cambio del sesgo en este sistema y esto no pasa solo».

Siempre resaltas el trabajo de equipo en Holaluz como una de las cosas más importantes…

Las compañías no son nada sin las personas que formamos parte de ella. Para ser capaces de construir este nuevo modelo energético, necesitamos a las mejores personas desarrollándose en una cultura corporativa que les permita alcanzar la mejor versión de ellas mismas. Tenemos un 50 por ciento de mujeres en todos los puestos, niveles y equipos de la compañía, incluso en el de tecnología, donde introducimos de manera salvaje cuotas, si hace falta hasta que conseguimos estas paridades. Otra vez, el debate nunca es entre cuotas o meritocracia, sino siempre es cuotas y meritocracia.

Hemos visto que fomentáis la práctica de deportes al aire libre…

Tenemos la oficina en Barcelona justo delante del mar y somos muchos los que nadamos. Pero también tenemos grupos de yoga, de crossfit, de runners. Le damos mucha importancia a esto.

¿Qué supone para ti este contacto con la naturaleza?

Bailar es lo que más feliz me hace, a excepción de mis hijas. Pero me gustan mucho las actividades al aire libre. Las dos que más me gustan quizás son nadar y esquiar. El esquí para mí es velocidad. Y el mar es como volar. Es volar flotando en el agua, viendo el mundo que hay debajo. Y con un neopreno es brutal por la enorme flotabilidad.

¿Qué es lo que más satisfacción te da del éxito de Holaluz?

Lo que más feliz me hace de que Holaluz vaya bien es que estamos demostrando que crear valor desde la ejecución de unos valores no solamente es una manera mejor, sino que es la única. Y nos estamos convirtiendo en referencia y en inspiración para otros emprendedores, incluso para compañías ya establecidas. Estamos generando un impacto positivo.

“Si tengo la suerte de hacerme vieja, me gustaría ser una vieja inspiradora, elegante y un poco gamberra”.

Carlota pi

¿Cómo te ves dentro de 20 años?

Tengo una amiga muy querida que murió hace un año de cáncer. Y entonces tuve la oportunidad de preguntarme “si yo tengo la suerte de hacerme vieja, ¿qué tipo de vieja quiero ser?”. Que no está tan claro, lo das por hecho y a lo mejor no llegas. Pues me gustaría ser una vieja inspiradora, elegante y un poco gamberra.

Progreso gracias a la sostenibilidad

Y el planeta, ¿cómo lo ves en unas décadas?

Yo soy absolutamente positiva con la evolución del planeta. Actualmente tenemos la tecnología y tenemos ya la voluntad de cerrar un compromiso con las generaciones futuras. Cuando la ecología iba de vivir peor en nombre de salvaguardar ciertos recursos, era más difícil. Ahora es al revés, ahora se trata de vivir mejor, de progreso social, de mejoras en las condiciones de vida para todo el mundo siendo sostenible. No se trata de elegir entre sostenibilidad o progreso, es progreso gracias a la sostenibilidad.

Ese también es un discurso difícil de vender, sobre todo en un entorno empresarial…

Al revés. Hoy en día hay tecnologías que permiten ahorrar 100 litros de agua por cada pantalón vaquero que se produce. Esto ahorra mucha agua y muchos recursos y es más barato. Si el discurso es no te compres otros vaqueros, es difícil, pero si es cómprate unos vaqueros que usan 100 veces menos agua, perfecto. Pues esto es lo mismo. Cuando la energía renovable era una cosa de nicho, de cuatro hippies o de cuatro convencidos era más difícil. Ahora, cuando tú te pones placas solares, no te sacas ni un solo euro del bolsillo y además ahorras un 20 por ciento de tu factura, ¿quién no se lo pone?

¿Qué le dirías a una joven que quiere emprender y cumplir su sueño? ¿Qué consejo le darías?

A mí me gusta mucho el consejo de Nike: Just do it!

¿Te consideras indómita?

Claro. Sin ninguna duda, y Marissé (jefa de comunicación de Holaluz) también. Somos mujeres salvajes

¿Por qué mujeres salvajes?

Porque la verdad es hacemos lo que creemos que tenemos que hacer, pegadísimas a nuestros valores y ejecutando nuestra visión clara, escuchando alrededor y tomando decisiones y yendo con ellas hasta el final.

Fotos: © Carlota Pi.

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