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«Cuando no tienes estabilidad, aprendes y te desarrollas más»

Silvia Romero Explorer

La primera vez que viajó sola fue por accidente. Para no perder un billete a Helsinki, donde tenía que hacer escala para ir a Moscú, pasó diez días en Finlandia. El permiso de entrada en Rusia no llegó. Su vida es una sucesión de anécdotas increíbles ocurridas en decenas de países; llegó a su boda a caballo debido a una lesión de tibia y peroné, se enteró de que esperaba un bebé, a los cuatro meses de embarazo, en una clínica de Zimbabue, noticia que comunicó a su familia por una entrevista en el programa Madrileños por el mundo. Cuando empezó a sufrir contracciones de parto se afanó en hacer un pastel antes de ir al hospital. Hace tiempo que Silvia Romero, conocida en redes como Silvia Explorer, decidió convertir el viajar en su forma de vida, algo que le ha costado un matrimonio y la fama de rara en su entorno. Esta madrileña e historiadora del arte de 33 años, no ha renunciado a explorar el mundo ni tras nacer su hija, que con dos años ya ha visitado 24 países. Y no lo hará mientras la pequeña siga siendo feliz y disfrutando del vagabundeo tanto como su madre.

«No olvidaré nunca la sensación de libertad que tuve esa primera vez que viajé sin padres»

¿Cómo empieza esta vida nómada?

Yo siempre me he sentido rara, de pequeña me gustaban las brujas de los cuentos porque eran más divertidas, podían volar, tenían poderes y si alguien les caía mal, lo convertían en rana… mientras, las princesas estaban siempre esperando al Príncipe Azul. A mis padres les dijeron en el colegio que yo tenía un lado oscuro. En cuanto a viajar, nosotros íbamos todos los veranos al pueblo y a mí me aburría mucho ir siempre al mismo sitio, así que les pedía a mis amigos que me invitasen a su pueblo. Yo era una visitadora de pueblos. Pero el gusanillo de viajar me picó realmente con 16 años, una amiga mía quería ir a París a ver a un chico guapo al que había conocido y yo me fui con ella. Y no olvidaré nunca la sensación de libertad que tuve esa primera vez que viajé sin padres. Eso me marcó.

Y decides que quieres ser viajera…

A partir de París, decidí que todo mi dinero lo iba a gastar en viajar. A los 18 años me fui a Barcelona a trabajar, ganaba 700 € al mes y lo que no gastaba en alquiler de habitación y abono transporte lo dedicaba a viajes. Trabajaba en eventos, de azafata de congresos, y solo aceptaba contratos temporales, para poder viajar entre un trabajo y otro.

¿Y cómo se lo tomó tu familia?

Al principio mal, todo el mundo les decía que estaba echando mi vida por la borda, que iba a dejar la carrera. Hice historia del arte para viajar, porque yo quería saber qué había detrás de los monumentos que veía. Acabé la carrera para demostrar que podía estudiar aunque estuviese viajando.

Además del viaje a París, ¿cuál ha sido el que más te ha marcado?

El primero que hice tras divorciarme. Quería hacer un voluntariado en África, pero mi pareja no y aproveché la separación para irme a Ghana. Me encontré con una realidad inesperada; la ONG con la que fui no era lo que decía ser y aprendí que no necesitas depender de una ONG para ayudar. Basta con querer, salir a la calle y estar atento a la gente. También me di cuenta de que ya no quería concentrar mi amor en una sola persona.

“Llegó un momento en que mi marido quería formar una familia estable, progresar profesionalmente, tener hijos, ver el fútbol con los amigos. “Lo normal”, me decía, y claro, yo tenía que decirle que yo no soy normal”.

silvia explorer

¿Fue un matrimonio viajero?

Estuvimos nueve años juntos. Él es argentino y lo dejó todo para viajar conmigo, dimos la vuelta al mundo en 18 meses, durmiendo en las playas, en el campo. Un homeless en el campo ya no es un homeless, es un campista. Lo pasamos genial. Pero llegó un momento en que él quería formar una familia estable, progresar profesionalmente, tener hijos, ver el fútbol con los amigos. “Lo normal”, me decía, y claro, tenía que decirle que yo no soy normal. Así que a pesar del apego que nos teníamos, nos separamos. Fue muy duro, había mucho cariño. Pero “el quién soy” se impuso al “con quién estoy”. Tuve un shock emocional tan fuerte que estuve un año sin tener la menstruación.

Y seguiste viajando…

Pues mira, yo llevaba tiempo viendo que me sentía atada por mi matrimonio, aceptaba contratos como guía fuera de España de poca duración para volver y estar con él. El mismo día de firmar la separación me llegó un contrato para irme a Cuba un tiempo largo. Siempre he creído en esa magia, cuando te atreves a soltar te llega por otro lado.

Y después de Cuba, ¿cuál fue tu nuevo destino?

Botsuana, África. Pero antes estuve en Madrid e intenté quedarme embarazada por inseminación. No se había resuelto el problema de la regla, el médico me había dicho que podía ser menopausia precoz, y yo quería ser madre. Así que volvió a mí una idea que había tenido siempre, la de ser madre sola. Acudí a una clínica y me hicieron la primera prueba, la inseminación sin más. El doctor me dijo que había fallado y que teníamos que pasar a la siguiente fase, la de inseminación con estimulación hormonal y aquello me pareció más complicado. Acababan de ofrecerme un trabajo en África y dejé la decisión para cuando volviese.

En Botsuana tuve el trabajo más duro que he tenido en mi vida, dormía solo dos o tres horas al día porque pasaba mucho tiempo resolviendo problemas. Aparte me apunté a todas las actividades de la empresa; puenting, rafting, escalada, helicóptero… A los cuatro meses la gente empezó a preguntarme si estaba embarazada y yo decía que no, que tenía más tripa porque allí pasábamos mucho tiempo en el coche y casi no caminaba. Pero una de las clientas era enfermera y me apostó 50 euros a que estaba embarazada. Me acompañó a la clínica y en cuanto me acercaron el ecógrafo, de repente vi una niña de cuatro meses, con sus brazos, piernas… fue un shock, lloré por haberme perdido ese tiempo. Y luego pasé a la fase de alegría, lo único que pensaba es que ¡mi hija era una crack que había sobrevivido a las locuras de su madre! Al día siguiente venían los de Madrileños por el mundo a entrevistarme, y pensé que era lo mejor, lo iba a contar en la televisión y así ya solo tenía que explicarlo una vez. Llamé a mi madre y a mi hermana y luego todo el mundo se enteró por el programa.

¿Cómo reaccionó tu entorno cuando se enteran?

Tuve que dar muchas explicaciones, sobre todo por mi forma de vida y por el hecho de haberme embarazado después del divorcio. Pero fíjate, si hubiese tenido la niña con mi marido, cada viaje que he hecho con ella habría tenido que pedir permiso… Es mejor haber sido madre sola.

“A veces tienes que perder a los clientes intransigentes para normalizar situaciones, pero es importante hacer estas cosas para visibilizar”.

Y siendo madre soltera, ¿es fácil compaginar el trabajo de guía con la crianza?

No. En principio mi jefe me dijo que él confiaba en mí, pero todos sus clientes rechazaron mis servicios. Así que seguí con mis actividades de guía en Madrid y hacía tours con el bebé en el pañuelo. Llegaron algunas quejas, una señora le dijo a la agencia que me contrató que a mí me debía faltar el dinero para ir con el bebé en brazos. En el Museo del Prado me dijeron “esto no es África para que vengas a trabajar con el bebé encima”. Pero es importante hacer estas cosas para visibilizar; a veces tienes que perder a los clientes intransigentes para normalizar estas situaciones”. A pesar de todo, me iba bien. Y seguí con eso hasta que llegó la pandemia.

“Para mí la naturaleza es casa y te estaban diciendo “quédate en casa”.

¿Y entonces?

El turismo se cortó de forma radical. Y comenzaron los rumores de que nos iban a confinar y yo no quería pasar un confinamiento en la ciudad. El día que oí en las noticias que posiblemente se cerrasen los aeropuertos, una semana antes de que se cancelase todo, compré un billete y me fui a Bali con la niña. Busqué un sitio barato, que aún estuviese abierto y donde tuviese acceso a la naturaleza. Para mí la naturaleza es casa y te estaban diciendo «quédate en casa». Fue una bendición poder salir a la playa y al campo. Estuve cinco meses allí, sin ingresos, me dediqué a escribir para distintos medios e idear nuevos proyectos. Volví a Madrid porque me di cuenta de que mi familia se estaba perdiendo el crecimiento de mi hija. Y a mi vuelta, monté ethicalsouvenirs, para la venta de objetos locales bonitos y de ropa hecha con telas masai.

«Me gusta mucho ir a sitios nuevos porque empiezas de cero, nadie te conoce, no te tratan con patrones… vas rompiendo todo lo que has aprendido”.

Silvia explorer

¿Qué te aporta viajar?

Me gusta mucho ir a sitios nuevos porque empiezas de cero, nadie te conoce, no te tratan con patrones… vas rompiendo todo lo que has aprendido. Y he conocido gente maravillosa por todo el mundo. Por regla general, la gente es buena, cuando oigo a alguien que dice que la gente es mala, pienso que es porque han salido poco. Yo he encontrado gente que me lo ha dado todo tras conocerme un par de días.

¿Y no has encontrado dificultades por el hecho de ser mujer?

Las dificultades las he sentido más en la adolescencia y como trabajadora, no a la hora de hacer turismo. En Cuba o Irán, por ejemplo, trabajando, he sufrido falta de respeto por ser mujer, un intento continuo de dejarme en ridículo en público. Luego estuve en Irán como turista y embarazada y fue estupendo. A veces ser mujer te beneficia, porque ellos creen que no puedes hacerlo sola y te cuidan más. Bueno, pues gracias.

“Yo creo que hay que poner las emociones por encima de los horarios y la estabilidad”.

Hace dos años tuviste a Estrella, una niña que ya ha visitado 24 países. ¿Cómo es viajar con una niña tan pequeña?

Me lo habían puesto tan mal y complicado, que todo me resulta facilísimo. El primer viaje fue a Barcelona y luego fuimos a Israel y Jordania. Cuando aterricé en Israel, después de un vuelo de seis horas tan plácido, pensé “el mundo es mío”. Así que hemos estado en Japón, China, Mongolia… La gente me dice que los niños necesitan estabilidad y horarios, pero yo creo que hay que poner las emociones por encima de los horarios y la estabilidad. A mí la vida me ha enseñado que cuando no hay estabilidad aprendes y te desarrollas más. Yo veo que mis amigas sufren mucho porque quieren hacer algo, pero ni se lo cuestionan, porque quieren ser buenas madres y cumplir con todo eso de las rutinas. Y luego te dicen que los niños te roban la vida, pero en realidad te la robas tú con tus decisiones.

Y Estrella se adapta bien a la vida de viajera

Estrella ha desarrollado una flexibilidad increíble, se duerme en cualquier sitio, come de todo, nunca llora en los transportes… Es muy valiente, sociable y curiosa, que es lo que yo creo que todos somos por naturaleza, pero se nos olvida por la educación que recibimos.

“Vinieron los servicios sociales al hospital a comprobar cómo estaba la niña, porque no tenía padre, porque yo no tenía casa, porque viajaba…”

Pero llegará el momento en que tengas que escolarizar…

O por lo menos elegir si quieres escolarizar o no… Me lo plantearé en su momento. La escolarización es obligatoria a los seis años, pero en España, y yo vivo en el mundo… Me dicen que si no la escolarizo no se va a adaptar a la sociedad, pero yo no lo creo así. Que luego le sea más difícil no significa “peor”, la mayoría de las veces difícil significa “mejor”. Si yo empiezo a viajar y veo que a mi hija le va mal, cambiaré de vida, porque todas las madres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero tengo que ver que lo que hago le perjudica. Fíjate, yo llegué de parto al hospital sin un informe médico. Mi madre explicó que no tenía nada porque había pasado el embarazo viajando por África. Al día siguiente, vinieron los servicios sociales al hospital a comprobar cómo estaba la niña, porque no tenía padre, porque yo no tenía casa, porque viajaba… estoy convencida de que si hubiese habido un hombre a mi lado, no habrían venido. Y al final logré que se quedaran tranquilos porque les di la dirección de mi madre, que vive en una buena zona de Madrid, y les dije que yo tenía mucho dinero.

Hace un tiempo pasaste un año sin poder caminar debido a una lesión de tibia y peroné. Y ahora incluso te lanzas en paracaídas, buceas, haces rafting… ¿Cómo es tu relación con el deporte?

Tiene gracia, después de dar la vuelta al mundo ¡me caí en el portal de mi casa! Estuve un año sin caminar, porque además de rotura tuve una infección en el hueso. En cada revisión me decían que al mes siguiente iba a caminar. Y no ocurría nunca.
Yo tenía programada mi boda en Mallorca y cuando llegó el momento me dijo el médico que si no quería llegar en silla de ruedas que mejor la cancelase. Y venía gente de todas parte del mundo. Así que me fui a la isla una semana antes y solté las muletas, comencé a practicar para ir recuperando y finalmente, ¡llegué al altar a caballo! Tenía una operación programada para dos meses después y antes de entrar en quirófano me hicieron una radiografía y el médico, impresionado, me dijo que no hacía falta intervenir porque ya no había infección. Yo en todo ese tiempo pensaba, “si vuelvo a andar voy a hacer todos los deportes del mundo…”, así que tras el milagro decidí que nunca más iba a decir me da pereza salir al monte, a correr, a dar un paseo… ahora me apunto a todo, surf, buceo, trekking, ¡lo que sea!

¿Te consideras Indómita?

Sí, claro. Pero yo creo que cada persona lo es, todos tenemos esas cualidades, pero están ahí acalladas, domesticadas.

Fotos: ©Silvia Explorer.

1 Comment

  • Laura Miss Traveller
    15/04/2021 at 10:55 pm

    Pedazo de entrevista!!!👏👏👏👏
    Me ha encantado
    Bravo por Silvia y Estrella. 🥰

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