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“Como jóvenes reivindicamos nuestro derecho a que se nos escuche sobre la crisis climática”

Marta Bordons, activista por la justicia climática y social y portavoz en Sevilla del movimiento Fridays for Future

Sevillana, 24 años. Marta Bordons es traductora, intérprete, está completando sus estudios de Humanidades e investiga sobre lucha de los pueblos indígenas, además de ser activista por la justicia climática y social. Desde muy joven empezó a hacer cambios en sus hábitos de vida para respetar el medio ambiente y luchar contra el cambio climático y reclama una conciencia ambiental desde todos los ámbitos de la sociedad civil, no solo de la juventud. De esta resalta su implicación real en la lucha contra el cambio climático y su concienciación demostrada en los movimientos callejeros.

Ella es nuestra activista destacada en el Día Mundial del Medio Ambiente.

¿Cómo te iniciaste en el activismo medioambiental?

Empecé hace unos años informándome sobre la situación del cambio climático y cambiando algunos aspectos individuales de mi vida. Me hice vegetariana, comencé a comprar ropa de segunda mano. Pero me di cuenta de que la dirección que quería tomar no era la acción individual, sino que era muy importante la acción colectiva. Y me hice voluntaria de Greenpeace, donde conocí más a fondo la crisis climática, la inacción política, los intereses de los lobbys…

Me di cuenta de que la dirección que quería tomar no era la acción individual, sino que era muy importante la acción colectiva».

¿Y cómo te vinculaste al movimiento Juntos por el Clima (Fridays for Future en España)?

Cuando volví de una estancia académica en Canadá. Ya se escuchaba en España Fridays for Future, se conocía a Greta Thunberg y habían huelgas por el clima. En Sevilla me encontré con otras voluntarias de Greenpeace, que también estaban interesadas en el movimiento y nos sumamos. La llamada a la primera huelga mundial en Sevilla la convocamos cuatro personas. La respuesta por parte de la ciudadanía fue impresionante y para mí fue un despertar absoluto en el mundo del activismo.

Y tanto que sí…

Fue un comienzo muy inspirador, porque fue todo muy espontáneo. Fridays for Future es un colectivo de gente muy joven. Hay muchas personas que tienen 14, 15 años. Después, fuimos creciendo, organizándonos y conectando con el resto de las personas que estaban trabajando en el movimiento en España. Pedimos ayuda a otros colectivos, sociales, feministas que nos echaron una mano y nos brindaron su experiencia y apoyo con financiación, prestándonos espacios, asesorándonos en trámites burocráticos. Ahora trabajamos hacia una mayor interseccionalidad.

¿Cómo ves el movimiento Fridays for Future en España ahora mismo?

En Juventud por el Clima, como colectivo, nos estamos fortaleciendo, organizando, coordinando y buscando nuevos objetivos a nivel estatal. En España seguimos la línea iniciada en 2019, de exigir la declaración del estado de emergencia climática, de presionar a los gobiernos para que cumplan con el Acuerdo de París y con la reducción de las emisiones para no superar el aumento de la temperatura global en grado y medio, etc. El objetivo de la declaración de la emergencia climática se medio consiguió, porque hubo un boom de declaraciones de estado de emergencia en ayuntamientos, comunidades, pero luego la inacción de los partidos políticos no les ha llevado a cumplir con el compromiso. En España también queremos meter presión con la Ley de Cambio Climático porque ha nacido ya anticuada.

Yo estoy vinculada además a otro colectivo, Rebelión por el Clima, que lucha por la justicia climática a través no solo de la incidencia política y de las protestas en manifestaciones sino también a través de una protesta pacífica pero de desobediencia civil.

Nos toca protestar y reivindicar, porque somos una generación que técnicamente todavía no ha llegado a los lugares de toma de decisiones, pero estamos viendo una gran negligencia en las personas que supuestamente deben garantizar nuestra salud y nuestro bienestar presente y futuro».

¿Qué papel crees que tiene que jugar la juventud en el tema de la crisis climática?

Creo que nos toca protestar y reivindicar, porque somos una generación que técnicamente todavía no ha llegado a los lugares de toma de decisiones, pero estamos viendo una gran negligencia en las personas que supuestamente deben asegurar o garantizar nuestra salud y nuestro bienestar presente y futuro. Aunque seamos gente joven, también tenemos derecho a que se nos escuche, porque todo esto nos va a afectar directamente. La comunidad científica alerta de que el momento de actuar es ahora, en esta década.

En mi opinión, para este tema también de salud pública, se debería hacer igual que con el covid-19. Ahí a la OMS se le ha escuchado y seguido. En el caso del cambio climático está el organismo IPCC, el Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático, que aúna a personas expertas científicas de todo el mundo y que ya emiten informes, pautas y consensos sobre la alerta climática, pero se están ignorando.

¿Cómo ha afectado la pandemia al movimiento frente al cambio climático? ¿Qué impacto ha tenido?

Obviamente ha tenido un impacto clave en la calle, porque justo antes de la pandemia tuvimos las mayores manifestaciones. Se veía muchísima voluntad por parte de la sociedad civil de reivindicar y se hicieron manifestaciones multitudinarias. Ahora se están buscando modos de seguir protestando que no sean online, alternativas más originales, más creativas e innovadoras, pero seguras, como acciones de desobediencia civil a través de pequeños grupos pequeños descentralizados. Buscamos la manera de tener ese impacto visual y mediático. Porque durante la pandemia la atención de los medios se ha volcado en el covid y ha ignorado absolutamente el resto de cuestiones.

En las redes sociales nos apropiamos un poco de ese espacio en el que al menos podemos tener esa voz para quien quiera escucharla».

En esa línea, ¿qué papel tienen las redes sociales?

Son súper importantes, ojalá no lo fueran tanto, porque muchas veces si no queda foto o video, es como si esa acción no hubiese ocurrido. Tener un buen equipo de comunicación y de redes cada vez me parece más vital. De los medios oficiales, muchos canales y programas nos han atendido, pero otros tienen la dinámica de ignorarnos. En las redes nos apropiamos un poco de ese espacio en el que al menos podemos tener esa voz para quien quiera escucharla. Aunque también puedes creer que estamos llegando a mucha gente y en realidad estamos llegando a las mismas personas.

Se tiende mucho a decir que los jóvenes están a lo suyo, que solo quieren consumir y que no se implican…

A mí eso me indigna especialmente porque he visto a mucha gente súper implicada. En las charlas más institucionales, a mí me toca decir “que no es suficiente con la concienciación juvenil”, que aparte de una mayor concienciación de la sociedad civil, lo que hacen falta son cambios directos por parte de nuestros políticos. Lo otro me parece culpabilizar al individuo.
Las personas jóvenes hemos emitido menos gases de efecto invernadero que muchas de las que nos culpan. Obviamente todos tenemos una huella de carbono pero las empresas son las mas contaminantes con el 90 por ciento de la emisión de gases de efecto invernadero.

En tu día a día, ¿qué haces para luchar contra el cambio climático? ¿Qué hábitos de vida has cambiado?

El primer cambio lo hice en la alimentación, tomé conciencia de la reducción del consumo de carne y pescado y me hice vegetariana. Luego, prioricé el consumo local, el consumo de barrio, que beneficia a tu entorno. También me sumé al consumo de segunda mano, sobre todo de ropa, intentando evitar la fast fashion. Me encanta promover los intercambios de ropa entre amigas, entre familiares o en una iniciativa de barrio.

También está el tema del transporte, de la movilidad; por ejemplo, la industria de la aviación es muy contaminante y se habla muy poco de eso, sin embargo, han proliferado los vuelos baratos. Y me da mucho coraje el tema del reciclado. Porque se dice “con reciclar basta” y no es verdad. Una cosa es separar y otra que luego se recicle de verdad. Otra cosa que hago es reducir los plásticos. Ir a la tiendita con mi propia bolsa. No se trata de eliminar el plástico como material, sino el plástico de un solo uso.

¿Qué apoyo has recibido de tu entorno, de tu familia, de amigos? ¿Te han entendido cuando te has volcado en esto?

Me siento muy apoyada en general, por mi familia, mis amigas, mi entorno. Tengo muchas amigas que se han hecho vegetarianas después de participar en charlas. Mi madre, cuando aún vivía con ellos, en su “querer que estuviese bien alimentada” me hacía los platos vegetarianos más chulos del mundo y a la vez toda la familia reducía un poquito el consumo de productos animales. Con el tema de la desobediencia civil tengo menos apoyo, porque les da miedo el enfrentamiento con la policía. No me siento sola. Conozco tanta gente con la que comparto preocupación y causa.

¿Hay más chicas que chicos en el movimiento?

En general, sí hay más chicas, pero tenemos mucho cuidado de que en nuestros grupos exista paridad.

Greta Thunberg es el referente a nivel mundial, pero ¿qué otros referentes tienes?

Muchísimas compañeras son grandes referentes, la verdad. Por salirnos de Europa o el Norte global, podría citarte a Vanessa Nakate, de Uganda; Howey Ou, de China; Xiye Bastida, de México; o Moira Millán, mapuche argentina. Las sigo por las redes y son unas especialistas en esto. Antes de la pandemia estuve en un encuentro en Suiza y había chicas increíbles de 13 años hablando con gente de 19, 20, implicadísimas, formadísimas. Y luego están las ecofeministas como Yayo Herrero, o referentes como Naomi Klein o Brigitte Vasallo. Pero no tengo idealizada a una persona. Aprendo muchísimo con la gente que me rodea y con la que hablo. Leo mucho y estoy todo el rato en constante cambio de mis ideas.

Precisamente hablando de lectura y libros, tienes publicados dos libros y has ganado un premio de micronovela. ¿Qué hay de esa otra faceta tuya, la escritura?

Mi sueño de pequeña era ser escritora. Siempre he escrito mucho, pero ahora la faceta literaria de ficción la tengo un poco abandonada. En este momento estoy escribiendo más de manera académica, artículos, etc.

Estás investigando la vinculación de los pueblos indígenas con el cambio climático.

Sí, estoy investigando para mi tesis de maestría y mi tesis doctoral. Fundamentalmente estudio si existe una compatibilidad entre el universo indígena y el no indígena, y qué podemos aprender de los pueblos originarios en el ámbito ambiental. Investigo sobre los derechos de los pueblos originarios que están siendo denegados y usurpados. Y cómo entienden la complementariedad ecológica con su entorno, para ellos la tierra tiene la memoria de los ancestros. Si talamos un árbol, nuestros hijos y nietos no van a poder coger un fruto de ese árbol. La sociedad occidental o más neoliberal no lo piensa. Talan un árbol porque ahora quiero esto y quiero el fruto y quiero la madera y me va a dar mucho dinero hacer esto ahora mismo. Y no se preocupan en plantar otro…

¿Y dónde te ves dentro de diez años?

Ahora mismo estoy poniendo mucha energía en esto de la justicia climática y en el tema académico de las humanidades. Me veo quizá por Latinoamérica, me encantaría seguir aprendiendo de todas estas comunidades, de tantas herramientas que tienen y transmitir todos esos saberes.

Si te encuentras con chicas jóvenes, ¿cómo las animarías para que se sumaran al movimiento de Juventud por el Clima?

Les diría que puede ser muy divertido, que pueden hacer muchas amistades preciosas, y que es algo que, no voy a decir que es nuestra obligación, pero es algo que está en nuestra mano. Y, si no lo hacemos nosotras, no lo va a hacer tampoco otra persona. No hace falta que te encadenes a ningún lado ni que vayas a liderar la manifestación con el megáfono, sino que haga aquello en lo que esté cómoda. Yo duermo muy bien pensando que estoy haciendo algo que le da sentido a mi vida.

¿Te consideras indómita?

Sí, yo y otras tantas personas que conozco, que estamos ahí saliéndonos un poquito de la norma. A mí no me vale el camino de vida que nos han marcado: estudias, vas a la universidad, trabajas (si consigues un trabajo), te casas, luego tienes hijos y ya te puedes morir feliz. Esos esquemas no encajan conmigo.

Fotos y vídeos: © Marta Bordons.

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